MOTIVACIÓN RAZONADA SOBRE EL CARÁCTER HISTÓRICO DE LOS MODELOS PRESENTADOS

Por Antonio Ceballos.


Cada núcleo de población se configura a lo largo del tiempo como una entidad histórica, con un carácter y elementos propios que configuran su personalidad. Esta identidad se ha venido modelando en base a sus propias singularidades físicas (geográficas, orográficas, hidrográficas, climáticas, medioambientales, etc.), humanas (hechos históricos, evolución social, actividades económicas, procesos políticos, religiosidad) y todas aquellas circunstancias que han afectado al devenir de sus habitantes desde sus orígenes.


Esta personalidad, tan cierta como etérea, viene a concretarse en símbolos, unos emblemas representativos de la comunidad. Peligros dispone del blasón heráldico por excelencia, el escudo, pero carece del distintivo vexilológico cuyos colores y elementos resuman de forma gráfica el patrimonio histórico peligreño. El objeto de esta propuesta es dotarlo de este distintivo identitario. En los modelos que se presentan concurre la siguiente simbología.


El gallipato como animal histórico emblemático.


Observando el mapa del municipio resulta evidente que la orografía e hidrografía han condicionado su evolución hasta tiempos muy recientes. Este determinismo geográfico viene dado por su ubicación en el piedemonte de la Sierra de Arana, con una superficie importante del municipio (los llamados “Secanos”, en dirección noreste) incluidos en las primeras estibaciones de dicha sierra y una zona inferior de menor extensión (la “Vega”, en dirección suroeste). Podría decirse, en términos generales, que la división entre una y otra parte viene determinada por el canal de Albolote, que atraviesa el término municipal y la misma población. Consecuencia de esta circunstancia orográfica es la escorrentía de las aguas pluviales desde la zona elevada a la baja, un descenso que se organiza en varios cursos de agua estacionales. Estos desagües naturales han provocado históricamente riadas e inundaciones en la llanada, configurando en el pasado una zona periódicamente encharcada, tanto en los cauces de los barrancos como en sus aledaños. Esta circunstancia tradicionalmente afectó de forma significativa al urbanismo, la economía, la salud y otros pilares de la estructura social peligreña.
Como consecuencia de este condicionante geográfico, y asociado al mismo, se desarrolló una flora y fauna adaptada a este entorno, hoy prácticamente desaparecida. Entre los animales, en la actualidad extintos en este ecosistema, se distinguió un anfibio cuya conservación se encuentra amenazada actualmente, y que ha sido prácticamente olvidado por la población: el gallipato (Pleurodeles waltl)​, el mayor anfibio urodelo de Europa. Un tritón de peculiar aspecto que puede llegar a alcanzar los 30 cm de longitud, de los que aproximadamente la mitad corresponden a la cola. Especie limitada al centro y sur de la Península Ibérica y a las llanuras costeras de Marruecos. De su valor como seña de identidad dan fe los esfuerzos de la comunidad científica por recuperarlo para entornos semejantes como, por ejemplo, la Alhambra, o los Cármenes históricos de Granada. Por este motivo principal, sumado a otros que se argumentan más adelante, ha sido escogido como símbolo de arraigo histórico, de resistencia a las circunstancias adversas, de supervivencia y de combatividad por las espinas laterales de su tronco.


En distintas proporciones y configuraciones aparecen los siguientes colores.


La representación del agua
Además de lo expuesto hasta ahora, que ya de por sí sería suficiente, hemos de añadir que el binomio agua/Peligros ha sido arco toral en la construcción de la historia de nuestra comunidad, desde los tiempos más remotos de que tenemos noticia. La red de acequias establecidas desde la romanización, continuada en tiempos musulmanes, y completada por los repobladores cristianos, constituyeron a lo largo de los siglos las venas y arterias por donde circuló no solo la economía local, sino de la vida misma de la comunidad peligreña.


Los colores verde, rojo y dorado
No existen colores que estén más insertos en la médula histórica de Peligros. El verde se asocia a dos cultivos que históricamente han sido los pilares de la economía local. Las escrituras árabes que aluden a diversos pagos de Peligros nos hablan de las vides que poblaban el territorio, lo cual remonta su cultivo a tiempo inmemorial, posiblemente ya identificable en la cultura romana. Pero el verde no solo simboliza aquel paisaje de viñedo de la antigüedad, sostenido hasta la plaga de la filoxera a finales del siglo XIX, sino que también se identifica con otro cultivo, paralelo y equiparable en antigüedad, como es el olivo. En este caso, cultivo y producto vienen a darse la mano, porque olivo y aceite también se corresponden con el color verde, alcanzando la actualidad como producto estrella de nuestros campos. Por otra parte, el tono dorado de la piel del gallipato representa otro cultivo, hoy desaparecido de nuestros campos, pero relevante hasta hace muy pocas décadas: los cereales, cuyas eras se repartían por los campos, testimoniando su nomenclatura en algún pago actual del término municipal.


Finalmente, al igual que ocurre con el olivo y el aceite, la vid, además de cultivo, también fue industria. La transformación de la uva y de la aceituna en productos comerciales, no solo fueron dominantes en la economía local, sino que determinaron la estructura de la propiedad rural, el trabajo de nuestros antepasados y sostuvieron la secular impronta manufacturera peligreña. El vino fue un producto que elevó el nombre de Peligros a la fama nacional e internacional, obteniendo grandes premios en concursos y exposiciones. Y el aceite fue, y sigue siendo, el oro líquido con el que se cocinan, aderezan y conservan los alimentos que acompañan al vino desde tiempos remotos. Uno y otro, vino y aceite, se configuran como elementos esenciales de la gastronomía mediterránea.


Otros razonamientos que argumentan la propuesta simbólico-estética:


LOS COLORES DE LA BANDERA: Las razones del asentamiento y la pervivencia.
Como ya se ha argumentado en la introducción histórica, el asentamiento primigenio de la población parece deberse a la riqueza de aguas estancadas, que convertía al terreno en una zona especialmente fértil y propicia para el cultivo de la vid. La pervivencia del asentamiento se debió a que esa fertilidad favoreció a su vez una próspera industria oleo-vinícola y de cultivo de cereal, que dio trabajo y réditos a la población durante siglos.
De ahí que los colores que debían representar a la población se desvelaran claramente: el rojo vino, el verde fértil del cultivo de la vid y del olivo, el azul pacífico de las aguas estancadas, y el amarillo dorado del aceite y el cereal.
Si bien la argumentación de estas razones históricas para dar sentido a la elección de los colores parece evidenciarse claramente, no es menos importante otra que dota de más sentido aún a la propuesta: Los colores que representan a Granada en su bandera son el rojo y el verde oscuro, el pendón de los Reyes Católicos es rojo vino, la bandera de España roja y gualda (amarillo dorado). Todos esos colores conllevan enormes connotaciones históricas y simbólicas. Alcanza así mayor peso argumental el usar esos colores que enlazan y engarzan a Peligros en la historia de Granada y de España misma como nexo de unión y hermanamiento, como testimonio y ancla de la memoria.
Y el azul, como sello individual e imprescindible, el que marcará la diferencia junto al animal emblema, el azul de las aguas sosegadas de las que manó la prosperidad del terreno. Un azul que no entraña profundidad, oscuridad o inquietud, un azul a flor de tierra que debía ser calmo, cálido y amigable, un azul halagüeño y fértil. Por ello se ha escogido un azul verdoso claro, muy distinto al que suele verse en otras banderas. El azul Pantone 319C.


EL ANIMAL EMBLEMA: Los porqués de la elección del gallipato como referente de la localidad.
La elección de un animal: Un elemento distintivo e historicista.
Tras un exhaustivo estudio de las banderas del resto de localidades de la provincia de Granada, se puede apreciar que en su mayoría usan el escudo de la población como símbolo, o algún elemento vegetal o arquitectónico característico de la localidad, pero no se observa apenas presencia de animales. Siendo las figuras de animales elementos representativos muy comunes en banderas y blasones a lo largo de los siglos, entendemos que es una elección que aporta fuerza a la carga simbólica y distintiva de esta bandera, como algo inusual en el entorno, fácil de distinguir e identificar, y de gran fundamento histórico.

La versatilidad y el atractivo: Unas herramientas útiles
La elección de un animal permite muchos más usos y formas de representación que la de otros elementos más simples, o de naturaleza muerta. Al tratarse de un ser vivo es más fácil que exista, desde la infancia, mayor interés e identificación por parte de las personas. Su representación permite el movimiento y puede adaptarse a numerosos materiales y tipologías; y su aspecto tan peculiar, que parece aunar lagarto y pez, con larga cola sinuosa y cabeza abultada de ojos saltones, hacen que resulte una imagen simpática, estéticamente diferente y atractiva. Rasgos útiles para introducirlo en el afecto popular y utilizarlo de múltiples maneras hasta llegar a convertirlo en el animal emblema, el amigo, mascota, o talismán de la población, ya sea como escultura, juguete, muñeco, colgante, broche, disfraz… las opciones y posibilidades de representación son ilimitadas.

Las características del gallipato: Claves para una conexión emocional de fuerte carga simbólica
El gallipato es un animal de procedencia arcaica y aspecto primitivo que dan muestra de su largo recorrido vital a través de los siglos, evoca antigüedad y fortaleza.
Habita en la zona sur de la península en lugares fértiles de abundantes aguas encharcadas, como fue en origen la zona de Peligros, razón principal de su existencia y pervivencia.
Pasa más tiempo dentro que fuera del agua, donde se mueve con fuerza y agilidad gracias a su larga y poderosa cola. Sale a superficie raramente, desplazándose también con facilidad debido a sus fuertes extremidades, en especial de noche, cuando el tiempo es húmedo, o el individuo es joven y está explorando; por lo que es inusual verlo en tierra, pero puede vivir en ambos ambientes, pues posee amplios recursos de supervivencia y gran capacidad de adaptación al medio.
Es un anfibio que se dedica básicamente a alimentarse y procrear, un ser aparentemente sencillo y fecundo, pero que en caso de amenaza es capaz de defenderse con un sistema muy particular: sus costillas atraviesan la piel en dos hileras laterales saliendo a la superficie como agujas capaces de inocular una toxina venenosa. Es un animal pacífico, pero peligroso para quien pretenda dañarlo.
El efectivo sistema inmunológico del gallipato y las costillas recubiertas de colágeno consiguen que su propia piel, perforada durante este peculiar mecanismo de defensa, se recupere rápidamente sin infecciones, lo que hacen de él frecuente objeto de estudios científicos que buscan hallar las claves de su alta capacidad de regeneración para poder reproducirla.
Sus miembros superiores son robustos y presentan unas curiosas callosidades negras, sólo durante la época de apareamiento y para facilitarlo, que evidencian su etapa de fertilidad y su capacidad de adaptación morfológica para favorecer la supervivencia.

Estas características de antigüedad, fortaleza y agilidad, capacidad de adaptación al medio, de regeneración y supervivencia, de aparente sencillez que encubre una sorprendente fisiología capaz de variar su morfología según sea fértil y haya de procrear, o deba defenderse y suponer un peligro ante las amenazas; sumadas al desconocimiento que sobre él se tiene, lo inusual y único del animal, lo hacen idóneo para elevarse a emblema símbolo de la localidad. A cuyos moradores, cabe mencionar, se les conoce popularmente además por el calificativo de “lagartos”, aunque dicho calificativo parezca deberse a otras causas que poco tienen que ver con las claves expuestas para la elección del gallipato como animal emblema.

La forma gráfica del gallipato: La simplicidad de la línea y el color
En el grafismo del gallipato se ha pretendido lograr varios propósitos:
Simplicidad: Para que el dibujo sea fácil de reproducir a cualquier escala y de identificar, tanto en espacios pequeños como en grandes. Ya sea un dibujo infantil en un ejercicio de escuela, parte de un membrete en un sobre o documento público, un elemento decorativo, un sello, o una bandera de grandes dimensiones.
Simbología: Debía tener los detalles mínimos pero necesarios para plasmar la particular naturaleza del animal y remarcar su diferencia ante otros, así como los valores de representación que conectan con la historia de la localidad.
Historicismo: Había de presentar un aspecto que evidenciara la larga historia de la localidad, por lo que el dibujo debía retrotraer a las imágenes de animales simbólicos que tenemos en la memoria adornando escudos, palacios, armas de caballeros, enseñas, pendones y blasones desde la antigüedad.
Color efectivo y práctico: Se ha diseñado bicolor, para que pueda ser plasmado en una o dos tintas. Ya sea en blanco y negro, en negro y dorado, o en distintos tonos de ambas gamas.
De los colores simbólicos seleccionados se ha escogido el dorado por ser el más brillante y visible desde lejos, el que va a permitir apreciar mejor el emblema. Coincide además con uno de los colores de la piel en los que es posible encontrar al gallipato en la naturaleza, pues su abanico de colores pasa del marrón al verde y al dorado. Es un color, por tanto, real y no sólo simbólico, lo que permite una mejor identificación. Además admite ser labrado o bordado en oro si se quiere vestir la bandera de lujoso pendón, o si se quieren fabricar otros elementos decorativos en metal, como pins, broches, pendientes, colgantes, etc… sin que reduzca entidad simbólica.
Versatilidad: La forma plana en vista axial superior, admite que el símbolo sea dispuesto en diferentes orientaciones sin que pierda expresividad o legibilidad por ello. Su forma sinuosa se encuadra dentro de un óvalo, para que sus proporciones sean fácilmente adaptables al interior de las formas geométricas más comunes (círculo, cuadrado, rectángulo…) a fin de que sea cómodo de insertar en sellos, membretes, o elementos publicitarios (globos, bolsas, pins, chapas, etc.)
Practicidad e identificación: Se ha aprovechado la peculiar estructura corporal del animal con larga cola para generar una forma sinuosa que pueda ser usada sustituyendo o adornando la S final del nombre de Peligros, o la P inicial, potenciando aún más la identificación con la localidad y su nombre propio, así como la versatilidad de su uso en elementos representativos y publicitarios.
Expresividad y amabilidad: Se ha buscado un tipo de representación que tuviera connotaciones historicistas sin dejar de ser simple y de abordar los detalles identificativos, pero que fuera también amable a la vista y tuviera suficiente expresividad para diferenciarse de otras, pretendiendo que resultara simpática para fomentar la aceptación popular.

Así se han resaltado su larga cola sinuosa, la cabeza abultada de ojos saltones, los miembros cortos pero robustos, las callosidades que le surgen en extremidades superiores en su época fértil, y las costillas espinosas que atraviesan venenosas la piel de sus laterales en estado de alerta o amenaza.

LA DISPOSICIÓN DE LA BANDERA:
La distribución de sus colores y formas se fundamenta en los mismos principios que han inspirado las anteriores elecciones: sencillez, expresividad, historicismo, identificación, simbología y belleza.
En este caso la distribución de los colores y formas se modifica en cada opción propuesta, resaltando unos u otros, siempre en busca de la belleza, la representación de los valores de la población, y la efectividad icónica de la bandera.

Opción 1

Ondas suaves de azul en el margen lateral izquierdo sobre fondo burdeos con gallipato dorado grande en el margen derecho.


Opción 2

Fondo azul y burdeos partido en diagonal y barrado en verde con gallipato dorado en el margen inferior izquierdo sobre azul.


Opción 3

Ondas suaves de azul en el margen lateral izquierdo sobre fondo verde oscuro con gallipato dorado grande en el margen derecho.


El proceso de elaboración de estas propuestas se encomendó a un equipo multidisciplinar compuesto por varios especialistas en diversas áreas: María José Estremera Linares, licenciada en bellas artes; Jesús Jiménez Pelayo, director de la Biblioteca Digital de Andalucía; Luis Marín, titular del Cuerpo Superior Facultativo de Bibliotecas de la J. A., especialista en documentación; y Antonio Ceballos Guerrero, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada. De sus investigaciones, y consecuentes sesiones de trabajo, surgieron una serie de colores, formas y motivos que brotaban entre las costuras de la historia de Peligros: rojo vino, producto que durante siglos definió nuestra economía y laboriosidad; verde oliva, representando a la vez el olivo y el aceite como fruto y manufactura de relevancia histórica; dorado, símbolo del cereal, color inserto en el animal emblemático que adoptamos como representante de nuestra fauna silvestre: el gallipato. Este anfibio, hoy extinto, estuvo asociado al origen de nuestra comunidad, ocupando los espacios encharcados donde vertían las aguas procedentes del piedemonte de la Sierra Arana. Por este motivo, representando el agua, aparece el color azul como cuartel o en forma de olas. La elección del gallipato como animal símbolo obedece a varias razones fisiológicas y de carácter: valentía, territorialidad, resistencia, singularidad morfológica, capacidad de regeneración, entre otras, que lo convierten en exclusivo respecto a otros emblemas locales del entorno.
La bandera resultante aspira a ser síntesis del devenir histórico peligreño, aglutinadora de la identidad comunitaria, versátil, reconocible en cualquier contexto (singular o multitudinario), integradora de valores y orgullo de nuestro pueblo.

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